Kombucha, la bebida milenaria

Kombucha, la bebida milenaria

El Kombucha es un “hongo” (en realidad es una simbiosis de la bacteria del ácido acético y dos levaduras). Vive en una solución nutriente de té azucarado, en el que se multiplica constantemente por medio de la germinación, dando como resultado sustancias nutritivas valiosas como ácido láctico, ácido glucónico, vitaminas B y C, aminoácidos y sustancias antibióticas, promoviendo la salud del organismo.

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El kombucha se introdujo en China allá por el año 230 a.C. de la mano del Dr. Kombus. A mediados del siglo XX se descubrió que en un pequeño pueblo industrial entre China y Rusia, la gente vivía más tiempo que en los pueblos cercanos aun consumiendo los mismos alimentos. Numerosos investigadores estudiaron este fenómeno y lo atribuyeron al consumo regular de té de kombucha.

El té de kombucha es una bebida burbujeante que se obtiene de la fermentación de té, azúcar y hongo kombucha.

Entre sus beneficios se encuentran el alivio de síntomas en resfriados y gripes, bronquítis, úlceras estomacales, acné, menopausia, agotamiento mental… porque aporta energía, depura y regenera, además de producir sensación de bienestar.

Al ser un alimento fermentado contiene sustancias antibacerianas, acidifican el tracto intestinal y producen inhibición de los gérmenes patógenos.

¿CÓMO PREPARO UN TÉ DE KOMBUCHA?

Lo primero de todo es hacerte con un hongo. Lo puedes conseguir por internet si no conoces a nadie que te pueda regalar uno de los hijos-kombucha que aparecen en cada tanda que se prepara.

Necesitarás:

– 1 bote de cristal con una capacidad de 2 litros aproximadamente.

– 2 cucharadas o dos bolsitas del té que más te guste por cada litro de agua (a mí me gusta usar la variedad Earl Grey, pero puedes usar también té verde por ejemplo).

– 4 cucharadas de azúcar por cada litro de agua (aquí no importa tanto que sea azúcar moreno o azúcar blanquilla, porque se lo va a comer el hongo, no tú 🙂 ).

– Una gasa o una servilleta.

– Una cinta o una goma elástica para atar la gasa al bote.

– Botellas de cristal donde guardar la bebida.

MODO DE PREPARACIÓN:

Lo primero que debes hacer es preparar la infusión de té de la variedad que hayas elegido. Cuando veas que el agua está casi al punto de ebullición (hay burbujitas en el agua pero no salen borbotones) es cuando tienes que añadir el té para que no se queme y conserve todas sus propiedades. Cuando transcurran 5 minutos fíltralo o retira las bolsitas, añade el azúcar y déjalo enfriar a temperatura ambiente.

En un bote grande pon el hongo kombucha y un 30% de su capacidad del líquido en el que se encuentra (el líquido en que se encuentra es como un “líquido madre”, es el resultado de la anterior tanda de kombucha que se hizo, o sea, la bebida ya fermentada. Siempre hay que conservar un poco de este líquido primario en el que vive nuestro hongo), y el nuevo té azucarado que acabas de preparar.

Tapa el bote con la gasa o servilleta con ayuda de la cinta o goma para permitir la entrada de aire y favorecer la fermentación. Guarda el bote en un lugar tranquilo y protegido de la luz directa. Déjalo ahí fermentando unos 12 días (depende de la temperatura ambiente que haya. Cuanto más calor, menos tiempo necesitará para fermentar. La temperatura ideal es por encima de los 21ºC.

Otro factor a tener en cuenta es cuánta cantidad de azúcar quieres que consuma tu kombucha. Cuánto más tiempo transcurra, más comera, y la bebida presentará un sabor más seco y aumentará su concentración alcoholíca (cantidad insignificante). Esto es interesante para personas que no deban consumir azúcar: A un diabético o a una persona con candidiasis le convendrá tomar un kombucha que haya sido fermentado durante más de 15 días para que tenga menos azúcar, mientras que a un niño, le convendrá tomar el que ha fermentado sólo 12 días, para que tenga menos alcohol.

Pasados esos 12-15 días observarás que además del hongo primario ha aparecido otro más pequeñito… ¡Enhorabuena! ¡Acabas de tener un bebé kombucha! Dispón tu kombucha-hijo en un bote pequeño y cúbrelo con la bebida ya preparada de kombucha, necesaria para añadirla a la siguiente tanda que prepares, junto con el hongo. Cierra bien la tapa del bote y guárdalos en la nevera hasta que vayas a preparar la bebida otra vez. Cuando lo hagas, saca el kombucha de la nevera hasta que coja temperatura ambiente antes de añadirlo al bote grande con la mezcla de té tibio y azúcar.

Cuela la bebida en botellas de cristal y consérvalas en la nevera. Ya tienes lista tu bebida burbujeante, ¡dísfrútala! Su sabor recuerda a la sidra asturiana o al cava.

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Se recomienda beber un vasito cada día, sin llegar a superar los 300 ml. Sus beneficios comienzan a notarse a partir del primer mes de consumo regular.

Celia Lastres, asesora nutricional.

Para solicitar una consulta personal, quedo a tu disposición en celianutriananda@gmail.com

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